El Secreto de sus ojos (2009): Los personajes y su lugar en el relato

 

Escrito por Dani Reina

Las historias son sucesiones de acontecimientos que enmarcan una serie de acciones realizadas por alguien. Ese alguien es la base de toda narración, es el personaje, sin él no tendríamos historias.

Cuando nos encontramos con un personaje lo podemos apreciar desde diferentes puntos de vista. Francesco Casetti y Federico Di Chio en Como analizar un film, proponen tres formas diferentes de entender a un personaje. Lo podemos considerar una persona en cuanto a “unidad psicológica”; un rol, si nos centramos en el tipo de persona que encarna, según su función en la narración; y por último, un actante. Esta última forma es la más interesante para resaltar el lugar que ocupa un personaje en la historia y su contribución a que esta avance. Como veremos en El Secreto de sus ojos (Juan José Campanella, 2009), este punto de vista nos da todas las claves a la hora de afrontar un relato clásico.

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Entre el amplio abanico de personajes que existe en una película, encontramos como base de la narración la relación existente entre el Sujeto y el Objeto. El primero es aquel personaje que desea algo y se mueve para conseguirlo. Presenta una serie de características que lo definen. En primer lugar activa una performance, esto significa que se mueve hacia una meta, el Objeto,  y actúa sobre este y sobre lo que se interpone en su camino para conseguirlo. El Sujeto en El Secreto de sus ojos es el personaje de Benjamín Espósito, interpretado por Ricardo Darín, cuya performance es hacer justicia. Como podemos comprobar, un valor típico del héroe clásico. En segundo lugar, está capacitado para conseguir ese Objeto, disfruta de la competencia adecuada para emprender el camino hacia él y superar los obstáculos que interfieran en su viaje. En la película, Benjamín Espósito es un agente judicial, lo que le otorga la competencia de resolver el caso que le han encomendado y así, conseguir su objetivo. Esto nos lleva a la tercera característica, el mandato. Si el Sujeto se mueve, es porque alguien o algo lo ha invitado a hacerlo. En la cinta argentina, quien realiza el mandato que obliga al personaje de Darín a hacer justicia es Ricardo Morales, el personaje obsesionado con la muerte y violación de su esposa, cuyo caso es responsabilidad de Benjamín. La última característica del Sujeto es la sanción, es decir, la consecuencia final de la performance. Generalmente es una recompensa, aunque también puede ser un castigo. En el ejemplo que tratamos, encontramos que la recompensa es el amor, encarnado en Irene Menéndez, interpretada por Soledad Villamil, la jefa del protagonista de quien él está secretamente enamorado.

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Cabe destacar la preciosa analogía que se crea entre el personaje protagonista y la máquina de escribir que Irene regala a Benjamín. De alguna manera esta máquina defectuosa representa la performance del personaje de Darín. La Olivetti no escribe la “a”, lo que impide a Espósito escribir “Te amo”, y en su lugar escribe “Temo”. Una vez conseguido el Objeto, Espósito vence el miedo y consigue por fin establecer su deseada relación con Irene.

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Alrededor de la relación entre el Sujeto y el Objeto, se conforman otras relaciones que interactúan con la primera. Entre ellas, la establecida entre el Destinador y el Destinatario. El primero es el origen del Objeto, es decir el punto de partida de la historia, la fuente del mandato. En el caso de la película, el Destinador sería el “Caso Morales”, la violación, y el propio Ricardo Morales, esposo de la víctima, que insta a Benjamín a ir hasta el final de la investigación. El Destinatario, que puede ser el mismo Sujeto, es aquel que recoge la enseñanza del Destinador y la usa para conseguir el Objeto. En la película de Campanella, el Destinador se identifica también con el protagonsita, quien se ve obligado moralmente a resolver el “Caso Morales” porque nunca ha visto un amor tan grande como el que percibe en Ricardo hacia su esposa. Esta enseñanza la verbaliza Benjamín en una conversación con su amigo y compañero Pablo Sandoval: “Usted no sabe lo que es el amor de ese tipo. Conmueve. Es como si la muerte de la mujer lo hubiese dejado ahí detenido para siempre, eterno, ¿Me entiende? Tienes que ver lo que son los ojos de él, Pablo. Están en estado de amor puro.” De este modo, la relación entre Destinador y Destinatario enmarca la del Sujeto y Objeto, construyéndose como un canal por el que encontrar las pistas para la consecución del Objeto.

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Por último, encontramos al Adyuvante y al Oponente. El primero es el personaje que ayuda al Sujeto en su camino hacia su meta. En el caso de El Secreto de sus ojos, es Pablo Sandoval, el amigo y subordinado de Benjamin, interpretado por Guillermo Francella. El Oponente, por el contrario, es el que dificulta la tarea del Sujeto, el que se interpone entre el Sujeto y su objetivo para obstaculizarlo en su viaje. En el film podemos encontrar dos oponentes: Romano, el rival que encuentra Espósito dentro del juzgado, quien lo aparta del caso, lo resuelve sin pruebas concluyentes y finalmente pone en libertad al criminal;  y el propio criminal, Isidoro Gómez, violador y asesino de la esposa de Morales. Así, Adyuvante y Oponente sirven de acelerador y freno respectivamente, de las acciones del Sujeto.

Esta relación que afecta directamente al Sujeto y las posibilidades de llegar a su meta, la encontramos muy bien escenificada en la película en la gran escena del partido de fútbol. Pablo Sandoval es quien llega a la conclusión de que el único sitio donde pueden encontrar al asesino es en el estadio de fútbol. “El tipo puede cambiar de todo.  De cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de dios. Pero hay una cosa que no puede cambiar Benjamín. No puede cambiar de pasión.” Esto hace que Benjamín pueda dar por fin con Isidoro. Su encuentro, su posterior huida y la consecuente persecución que dilata la escena del famoso plano secuencia del film, sirven como ejemplo perfecto del papel de ambos personajes en la historia.

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Estas tres relaciones entre actantes que hemos contemplado no son las únicas que podemos encontrar en una historia pero sí las más importantes para hacernos una idea de cómo opera la construcción de un relato a través de sus personajes. Con esto podemos concluir que si nos acercamos a ellos valorándolos como actantes podemos comprender como el verdadero motor de una narración son las relaciones que se establecen entre los personajes. En definitiva son estos, su función en la historia y los lazos que crean entre ellos, lo que debe decidir el futuro de la trama y la hace avanzar, al menos si nos estamos enfrentando a un relato clásico.

 

 

 

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Publicado el marzo 15, 2017 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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